de: Jack Bacon
Es increíble, como los seres humanos y los animales somos parecidos, un experimento realizado por Seligman ha puesto nuevamente esta realidad ante mis narices.
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Desde esta perspectiva etológica, quizá un poco abstracta, no me puedo considerar muy alejado de una rata que ha sido abandonada a su suerte en el agua turbia, o de un perro que es electrocutado a pesar de haber seguido las pruebas de un protocolo. Pues en algún momento de la vida, nosotros hemos dado todo de nosotros mismo, y hemos recibido a cambio una patada en el trasero.
Es así, como nosotros jugamos a ser todo-poderosos con los animales por medio de los experimentos, pero algún todo-poderoso ser como Zeus, Ganesha, Budha, Jehova, o Jim Carrey en Bruce allmighty experimenta con nosotros por medio del amor.
El amor es un experimento cruel y a la vez placentero que nos acerca al “desamparo aprendido”, hagas lo que hagas, recibirás una descarga eléctrica.
La descarga será débil o fuerte, en algunas ocasiones habrá valido la pena el haber comido un gran plato de comida por esa descarga, pero otras veces, solo quedaras electrocutado cual vil condenado a la silla eléctrica.
Puedes resistir, desistir, vivir, morir, correr, morder, coger, beber, arañar, gritar, golpear, matar, e incluso amar, pero el experimento del amor, en algún momento, te dejara desamparado.
Un refrán dice: “el hombre es el único animal que tropieza 2 veces con la misma piedra” afortunadamente, solo somos parecidos a los animales, NO iguales, EL AMOR, es cruel, ahorca, ahoga, electrocuta, golpea, y mata pero sin lugar a duda es un placer inigualable que ni el sufrimiento, ni estar desamparado "aprendidamente" nos puede quitar.
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